Alberto Fernández, a la cabeza de los gobiernos progresistas de América Latina

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Aída García Naranjo *

Por primera vez, las seis principales economías más grandes de América Latina y que representan el 90% de su PIB podrían estar gobernadas por presidentes progresistas. Lo son ya Argentina, Chile, México y Perú, y tendremos que esperar unos meses para confirmarlo cuando se den las elecciones de Brasil y Colombia, en las que todo indica que ganarán Lula da Silva y Gustavo Petro. (El Pais.05.01.2022)

El objetivo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Alberto Fernández, aliados estratégicos en la región, consiste en promover la CELAC, como organismo que trabaje para mejorar la integración política entre los países que la integran. Las negociaciones para que la Argentina quedara como única candidata para la PPT de la CELAC comenzaron durante la gestión del excanciller Felipe Solá y culminaron bajo la conducción del Canciller Santiago Cafeiro.

«La propuesta argentina fue suscitando un apoyo mayoritario de todos los países y hará que el presidente Fernández presida este mecanismo a partir del año 2022», advirtió Cafiero, en donde destacó la importancia de la CELAC «como un mecanismo que no excluye a nadie, donde todas las voces sean tenidas en cuenta”. “Para nosotros haber logrado  la Cumbre en la Argentina ya es un logro importante» agregó. La cumbre fue mixta (virtual y presencial), con la asistencia de representantes diplomáticos de 30 países, entre los que se encuentran desde Marcelo Ebrard (canciller mexicano y futuro postulante a la presidencia para suceder a AMLO).

La reunión en el Palacio San Martín ratificó a Alberto Fernández al frente de la CELAC. Argentina logro el viernes 7 de enero los apoyos necesarios para presidir el 2022 la CELAC, ya que así se determinó durante la XXII Reunión de Ministras y Ministros de Relaciones Exteriores. “Hay consenso”, señaló en la sesión Marcelo Ebrard (país que ostentaba la presidencia desde el 2020). El Canciller Cafiero afirmó que «es un gran honor y un orgullo que Argentina ejerza la PPT de la CELAC». Asimismo destaco que la idea es “dar continuidad al mandato popular y regional, que es avanzar en la integración a pesar de las dificultades” y … “avanzar con una agenda abierta en la tarea de fortalecer el diálogo en la región, de los Estados partes y fundamentalmente continuar con las herramientas de integración necesarias para seguir construyendo una región en paz. No empezamos de cero, somos parte de una historia donde muchos lideres de América Latina y el Caribe vienen dejando testimonio tras testimonio, y esos testimonios muestran al mundo que estamos profundamente orgullosos de nuestra cultura de encuentro y de paz”, reafirmó. Además, se propuso poner el acento en las políticas de Género “para asegurar la igualdad de mujeres y los hombres en la región y fomentar la cooperación digital y tecnológica en una región rica en diversidad e identidad”.

Cafeiro dió gracias «… al respaldo de los estados de la CELAC, al reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas”. “El Papa Francisco abogo por un tiempo en el cual se constituya una épica de la solidaridad en las relaciones internacionales. Y la CELAC es un testimonio vívido de esa concepción» puntualizo Cafeiro como cierre de su discurso.

Antecedentes

Para los latinoamericanos la búsqueda de un destino común, vía la integración, tiene ya un largo camino. Por supuesto que muy lejos debemos ubicarnos hoy del Tratado de Tordesillas (1479) que dividió el océano Atlántico por una línea desde el polo norte hasta el polo sur, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Tal línea dejó el hemisferio. Así los Reyes Católicos y el rey Juan II de Portugal se pusieron de acuerdo sobre los territorios que podía conquistar cada reino, lo cual determinó la configuración de América del Sur. Mucha agua ha corrido desde esa época bajo el puente o más bien sobre los océanos de nuestras dos orillas, en toda nuestra América bioceánica.

Hace 61 años (1960), el primer proyecto integracionista latinoamericano, se propuso asegurar un mejor nivel de vida de la población y nació con la firma del Tratado de Montevideo (TM60), que creó la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). Su objetivo fue alcanzar una mayor integración económica entre los siete países fundadores, Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú y Uruguay, a los que posteriormente se unieron Colombia, Ecuador, Bolivia y Venezuela y que posteriormente integraría a Cuba, Panamá y Nicaragua. El nuevo desafío es la incorporación a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), nuevo nombre de la ALAC, de Costa Rica, El Salvador y Guatemala, entre otros países, para ampliar la ALADI hacia Centro América y el Caribe.

«Una cosa fue la ALALC en los sesenta, influenciada por el pensamiento de la CEPAL -es decir no era un pensamiento liberal, sino desarrollista- donde planteaba que a los modelos de desarrollo nacionales, que debían ser modelos industriales y modelos diversificados para evitar las dificultades y las injusticias en los términos del intercambio comercial, nosotros teníamos que agregarle una integración de nuestras economías y nuestros mercados para que América Latina dejara de ser un continente periférico y marginal o dependiente y pudiera ser un actor económico importante. Sabemos que la integración no puede ‘mercantilizarse’, sabemos que no puede estar solamente como integración de mercados, que es importante cuando le sirve al bienestar de nuestros pueblos. Pero también sabemos que la integración de nuestras economías es fundamental para ser menos vulnerables a las oscilaciones de un capitalismo y de una globalización absolutamente incierta e inequitativa y desigual». (Álvarez, Carlos, Secretario General de la ALADI/XVII Consejo de Ministros/agosto 2014).

En el siglo XXI tenemos también nuevos esfuerzos de integración. Los primeros esfuerzos con una orientación de ruptura con la integración pro Washington se produjeron tras el cambio de correlación de fuerzas en la región por la primera oleada de gobiernos progresistas .

En ese marco, en el 2004 se crea la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBATCP); en el 2008, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) que reorienta a la Comunidad Suramericana de Naciones creada cuatro años antes; y en 2011, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

La tendencia a una integración tutelada por Estados Unidos responde con la Alianza del Pacífico en 2011, y en 2019, en el marco de una nueva correlación de fuerzas en el subcontinente, los gobiernos de derecha denuncian Unasur y crean el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur).

Se convierte así en una urgencia de primer orden para la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribelos (CELAC), establecer el diálogo con los distintos mecanismos y espacios de integración subregional a fin de consensuar una agenda económica y social de emergencia para la región, de carácter social, popular y sostenible.

HOJA DE RUTA DE LA INTEGRACIÓN

Un desafío central en el 2021-2030 para impedir que la fragmentación se anteponga a la convergencia y la integración, consiste en lograr un entendimiento que haga posible y viable una “hoja de ruta de la integración” que oriente la ampliación del proceso de la integración latinoamericana y su profundización, basada en acciones multilaterales que priorice la convergencia regional como una fortaleza. Ello hace posible nuestra mirada actual y de futuro en CELAC De ALADI a CELAC, hay un destino común que por supuesto debe apelar al pensamiento estratégico. Luego de más de seis décadas y media, se apeló a la necesidad de la creatividad; la realidad ya no tolera procesos rígidos, sino flexibles. La integración no es el punto de partida sino el de llegada. Debemos proponernos firmemente renovar el impulso integrador, desde los propios actores sociales.

Por ello, la integración regional no puede ser una posibilidad de expansión de mercados y de negocios privados, importante para ampliar y diversificar nuestra producción, sin alcanzar economías de escala, generar empleos, mejorar ingresos, competitividad, entre otros logros.

Ello implica entender el proceso integracionista como la sumatoria de esfuerzos que conduzcan a un modo de inserción internacional más balanceado y equitativo, que sea una herramienta esencial para contribuir con la inclusión social y el bienestar de las mayorías, la expansión del comercio intraregional, (que es actualmente menor del 20%), y proponer el incremento del crecimiento económico y el desarrollo humano con equidad y calidad de vida de los latinoamericanos como prioridad.

Debemos por ello poner por delante lo que nos une, pero no debemos olvidar nunca que aun en esta región biocéanica y excepcional, el hambre, la miseria y el desempleo siguen caminando de la mano y ello nos lleva al planteamiento de una CELAC Social, con la voz de todos.

Es este sentido que creemos que es preciso fortalecer la unidad en la diversidad CELAC deberá superar el déficit de integración, el superávit de mecanismos y de organismos y afirmar el desafío de integrarnos en un destino común. CELAC debe ser hoy una alternativa impulsada también desde la sociedad civil.

CELAC social, CELAC con color de pueblo

El gran déficit hasta ahora por parte de la CELAC es la ausencia de la participación e interlocución con los movimientos sociales y pueblos de nuestra América, un tema que debe ser prioritario. La CELAC Social es también una manera de darle sostenibilidad. Ello implica decisión política para hacer de CELAC un organismo con Secretaria Ejecutiva y contar como contraparte con una fuerte CELAC SOCIAL. En este marco, el Grupo de Puebla (GP), reunido recientemente en México, promueve un NUEVO MODELO SOLIDARIO. El GRUPO DE PUEBLA pretende que esa nueva hoja de ruta sea el MODELO SOLIDARIO DE DESARROLLO con seis ejes articuladores: i) la búsqueda de la igualdad como valor central del desarrollo y la reducción de las asimetrías globales; ii) la búsqueda del valor; iii) una nueva política económica, diversificada y basada en la incorporación del conocimiento; iv) la transición ecológica; v) una nueva institucionalidad democrática y vi) la integración regional.

La pandemia nos dejó la difícil tarea de reconstruir, en los próximos diez años, el tejido social cuyo deterioro nos devolvió a los niveles de pobreza que teníamos hace 12 o 15 años. Ya pagamos la primera cuenta: en junio de 2021, la región mostraba el 32% de los fallecidos por el COVID 19 en el mundo, a pesar de representar el 8.4% de la población (CEPAL, 2021). Con suerte, recuperaremos en una década lo que habíamos construido en materia de empleo, escolaridad, salud pública, vivienda y provisión de alimentos en lo que va del siglo. Además, tendremos que redoblar esfuerzos para reducir las brechas que hoy nos caracterizan como la región más desigual del planeta, las cuales, sumadas, conforman una profunda grieta social en la que convergen diferencias abiertas de género, campo-ciudad, salarios, alimentos, étnicas y digitales. Para ello se requiere de una política fiscal progresiva y priorizar la inversión social como parte fundamental de una nueva política económica a la cual nos referiremos más adelante.

 LA INTEGRACIÓN COMO CONSTRUCCIÓN DE REGIÓN

Existen hoy dos concepciones distintas de integración: la neoliberal, consistente en acuerdos de libre comercio de bienes, servicios, y capitales, con reducción de aranceles, protección de la inversión extranjera y respeto “a rajatabla” de la propiedad intelectual. Esta visión hegemónica de la integración se preocupa por armonizar los intereses regionales con las prioridades de la política exterior de los Estados Unidos y Europa (réspice polum, mirando al norte).

La visión solidaria entiende la integración como un proceso de “construcción de región” que permite la libre movilidad de personas, bienes, servicios, conocimientos y demás factores productivos, en un escenario de identidad política para el sostenimiento de la paz, la democracia, la vigencia plena de los derechos humanos y el fortalecimiento del Sur global como parte de un nuevo esquema de multilateralismo de bloques regionales para gobernar el mundo (réspice similia, mirando a los vecinos o pares).

Ante los desafíos del Modelo de Desarrollo se requiere -como lo ha propuesto el Grupo de Puebla y lo han acogido los presidentes de Argentina, Alberto Fernández, y de México, Andrés Manuel López Obrador-, iniciar un proceso de CONVERGENCIA de los mecanismos de integración subregional que hoy existen en la región: Comunidad Andina, UNASUR, Mercosur, Alianza del Pacifico, Pacto Amazónico, Alba, CARICOM, Asociación de Estados del Caribe y el Sistema Centroamericano de Integración.

Esa convergencia debe avanzarse hacia un punto de encuentro que podría ser la CELAC, donde hoy coinciden los 33 países de América Latina y el Caribe. Estos relacionamientos podrían partir de la “matriz de convergencia” que diseñó UNASUR, a través de la cual identificó, con representantes de los distintos mecanismos, fortalezas sumables, duplicidades eliminables y destrezas especiales utilizables. Una CELAC distinta a la actual, más empoderada, con mayor peso político.

Así mismo el Grupo de Trabajo del Foro de Sao Pablo (FSP), en nombre de mas de 150 Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, insta a la CELAC reunida en Buenos Aires a solidarizarse con la Republica Argentina frente a las injustas exigencias del FMI por cobrar una deuda cuya legalidad y legitimidad están cuestionadas. Al mismo tiempo propone a la CELAC impulsar un plan multilateral de acciones apuntando a cuestionar los mecanismos globales que utilizan el endeudamiento como un factor de sometimiento y dominación. Insta también a la CELAC a prestar atención a los procesos de construcción de nuevas arquitecturas financieras internacionales más justas y equitativas. Finalmente, a propiciar un encuentro con la CELAC SOCIAL como un espacio de dialogo e integración de la sociedad civil y de los movimientos sociales populares.

(*) Ex ministra de la Mujer y Desarrollo Social. Ex Embajadora del Perú en la República Oriental del Uruguay. Ex Represéntate del Perú ante ALADI y MERCOSUR. Integrante del Grupo de Puebla y del Grupo de Trabajo del Foro Social de Sao Paulo.

Texto tomado de la Revista MARKA, edición 08, enero de 2022.


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