jueves , 8 diciembre 2022

Los riesgos de desconfiar en el gasto público

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Por Mario Valencia, economista colombiano especialista en deuda de LATINDADD – Fuente: El Espectador Colombia

La ineficiencia y corrupción en las finanzas públicas de Colombia han llevado a un escenario indeseable de desconfianza en que el Estado pueda promover un crecimiento económico que apunte al desarrollo. Una muestra de la poca voluntad de acción pública es que las seis reformas tributarias de la última década (previas a la pandemia) no sirvieron para fomentar un mayor crecimiento económico, ni mejorar el empleo, ni corregir la desigualdad, pero tampoco lograron aumentar la tasa de crecimiento anual del recaudo.

Así las cosas, no debe extrañar que se haya hecho tan poco para evitar el colapso y que la única reforma económica adelantada en 19 meses de emergencia sanitaria haya sido una escuálida reforma tributaria. Una oportunidad perdida en manos de un Gobierno con escaso margen de acción política.

El Gobierno decidió hacer muy poco y fue aplaudido por analistas y dirigentes, que esperan ilusamente que el mercado se corrija solo. Lamentablemente, el tiempo para poder actuar en dirección contraria es cada vez más estrecho, por las condiciones globales. Las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial están cerrando las posibilidades de medidas alternativas. El FMI actúa bajo la lógica de lograr la “confianza del mercado”, más que en términos del bienestar de la población. Se preocupación es que el “sentimiento del mercado” provoque un “escrutinio del mercado” que reduzca la financiación a países de ingreso bajo y medio, como se lee en el Monitor Fiscal de octubre de 2021. Así, recomiendan conseguir superávit primario desde 2022.

De acuerdo con el organismo, las tasas de interés real para economías como la colombiana son mayores, porque los prestamistas (el mercado) confían menos en nuestra responsabilidad fiscal, por lo que financiar déficits es más caro y difícil. Lo más grave es que, dada la caída de la inversión privada, si no se accede a más financiación con impuestos progresivos, se causará una presión por menor gasto público, es decir, menor capacidad de invertir en sectores que generan crecimiento sostenido y demandan empleo de calidad.

Las consecuencias ya son palpables: el espejismo de crecimiento del PIB para 2021 con altos niveles de desempleo consiste en una recuperación financiada con remesas y petróleo caro, con poco nivel de inversión privada que debería ser compensada con inversión pública eficiente. Un estudio de De Long y Summers (2012) señala los beneficios económicos de largo plazo de apoyos fiscales anticíclicos, que se pagan asimismo con mayores crecimientos económicos.

Se necesita recuperar la legitimidad y la confianza en pagar impuestos y orientar el gasto público hacia actividades productivas que motiven también a los inversionistas privados a creer en Colombia, en lugar de llevarse las ganancias a Delaware o a Miami.


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