El coronavirus y la “ventaja nigeriana”

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El neoliberalismo diezmó la asistencia sanitaria pública de los países africanos. Y, aún así, algunos saben cómo combatir el coronavirus de una manera que parece efectiva. Nigeria parece haber aprendido la lección mejor que Estados Unidos y otros países desarrollados.

La enfermedad provocada por el coronavirus, también conocido como Covid-19, se detectó por primera vez en Wuhan (China) el último día de diciembre de 2019. El 30 de enero de 2020, cuando se empezó a propagar con rapidez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que se trataba de una emergencia de sanidad pública de importancia internacional.

Como tal, el coronavirus hace hincapié en la necesidad de invertir grandes sumas en la sanidad – y en especial en la sanidad pública, entendida como «el arte y la ciencia de prevenir enfermedades, prolongar la vida y promover la salud mediante los esfuerzos organizados y las decisiones informadas de la sociedad, las organizaciones, las comunidades públicas y privadas y los individuos».

Muchos consideran que Estados Unidos es la cuna del neoliberalismo. El ámbito sanitario en particular ha sufrido importantes reformas en consonancia con las políticas neoliberales. Ahora, en plena crisis mundial de la sanidad pública, el presidente Donald Trump está planteando un «recorte presupuestario del 16% para los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y un recorte total del 10% para el Departamento de Salud y Servicios Sociales». Debido a los continuos recortes presupuestarios de este tipo, los ciudadanos estadounidenses cada vez tienen más dificultades para hacerse las pruebas debido al coste de las mismas.

La OMS asegura que «conocer y entender una epidemia constituye el primer paso para derrotarla». Para ello hace falta que la gente se haga las pruebas y así averiguar por dónde podría propagarse el virus con el objetivo de contenerlo. Según los últimos datos, en Estados Unidos existen varios casos en los que están cobrando más de 1.000 dólares USD (unos 912 euros) a sus ciudadanos por hacerse las pruebas e incluso más por someterse a la cuarentena. Por tanto, mucha gente no se las va a hacer, lo cual contribuirá aún más a la propagación del virus. Asimismo, muchos puestos de trabajo en Estados Unidos no otorgan días remunerados de baja por enfermedad, lo que significa que los trabajadores de bajos ingresos no tienen la opción de quedarse en casa si desarrollan síntomas como los de la gripe.

Ajuste estructural o sanidad pública

De forma parecida, en las décadas de 1980 y 1990, África sufrió las consecuencias de una serie de políticas neoliberales que se aplicaron en el marco de los programas de ajuste estructural (PAE), los cuales básicamente recortaron la financiación de los servicios y recursos públicos, incluidas la educación y la sanidad primarias y la infraestructura pública. Se presionó a África para que privatizara y tuviera un mercado más amplio y una orientación basada en las exportaciones en su desarrollo.

Los gobiernos se vieron obligados a recortar sus presupuestos para la sanidad pública, que se ha convertido en una mercancía que responsabiliza directamente al individuo en lugar de a las políticas del gobierno. Por tanto, la asistencia sanitaria se desplazó al sector privado –un modelo que numerosos defensores de la justicia social siguen criticando como insostenible, pues la premisa básica de las empresas privadas consiste únicamente en generar beneficios y no en trabajar por el interés del público general–.

La Constitución de la OMS establece que «el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano» y que los Estados están obligados a proteger dicho derecho. Entonces cabe preguntarse: ¿cómo se puede ‘gozar’ de este derecho si se privatiza y no todo el mundo puede permitírselo ni acceder al mismo? La privatización contribuye a un cambio en el comportamiento de la gente que necesita asistencia sanitaria, pues muchos ciudadanos no acuden a los centros sanitarios sencillamente porque no pueden pagar sus servicios.

Obviamente, las situaciones en Estados Unidos y África son muy distintas, debido a las diferencias en las circunstancias, las historias y los grados de poder e influencia en la política mundial. Sin embargo, el impacto derivado de la privatización de la sanidad es obvio y muy parecido en ambas zonas.

El éxito de Nigeria en la lucha contra los brotes de enfermedades

Los países africanos como Nigeria tuvieron que aprender varias lecciones duras durante el brote del ébola en 2014. Para cuando se empezó a abordar el tema del ébola, Nigeria ya había sufrido 20 casos y ocho muertes derivadas del virus. El brote empezó en Lagos, una de las ciudades más pobladas de África, y la habilidad del gobierno para contenerlo a pesar de contar con un sistema de salud totalmente precario hizo que el país llamara la atención de todo el mundo. Además, Nigeria también ha estado abordando en silencio muchas otras enfermedades infecciosas durante los últimos años. Así, esta nación africana ha aprendido varias lecciones muy importantes que está utilizando para ayudar a otros países africanos a luchar contra el COVID-19. Por tanto, es muy posible que Nigeria esté mejor preparada para luchar contra esta enfermedad que otros países como Estados Unidos.

Por ejemplo, el ébola enseñó a Nigeria una lección fundamental para luchar contra el brote de cualquier enfermedad que ya haya estallado: que hubiera sido mucho más fácil detenerlo antes.

Actualmente, Nigeria está aplicando lo que aprendió en el pasado para la actual amenaza del coronavirus. En concreto, Nigeria sabe que las intervenciones en materia de salud pública no pueden ser verticales.

Las respuestas verticales son intervenciones que abordan dolencias concretas en un momento determinado y son principalmente curativas, como por ejemplo las intervenciones contra el cólera o la malaria. Varias organizaciones que trabajan para el desarrollo, como la Fundación Bill y Melinda Gates, se han basado en las intervenciones verticales, como por ejemplo en sus programas para tratar la malaria. Sin embargo, estas son poco útiles para garantizar la adopción de un enfoque holístico en el ámbito de la atención sanitaria.

En cambio, los enfoques horizontales son más amplios y se centran en la prevención y el cuidado. Además, prestan especial atención al bienestar general de la comunidad, dificultando así la rápida propagación de la enfermedad. Por tanto, Nigeria entiende la importancia que tiene reforzar los sistemas que consideran la sanidad pública como un ámbito vinculado a cualquier otra faceta de la vida. Los controles sanitarios y las revisiones médicas en aeropuertos y fronteras son igual de importantes, así como tomar la temperatura a los ciudadanos, analizar sus desplazamientos anteriores y hacer preguntas sobre los síntomas de la enfermedad. Una lección que Estados Unidos todavía no ha aprendido.

La hipocresía del Banco Mundial

Sin embargo, la sanidad necesita inversiones horizontales adecuadas de un modo que solo el sector público puede proporcionar. Es decir, un enfoque holístico para la sanidad que se encargue de suministrar agua limpia para lavarse las manos y detener la propagación de la enfermedad, médicos con un salario decente que trabajen en condiciones seguras, así como investigaciones con buenos recursos. Una agenda neoliberal basada en la privatización no puede proporcionar esta compleja red de prestaciones. Las políticas neoliberales son las responsables de que el sector de la sanidad pública en Nigeria (y el resto de África) no cuente ni de lejos con la financiación suficiente. Aun así, Nigeria ha conseguido superar todos estos obstáculos y respondió de un modo sumamente satisfactorio a la crisis del ébola en 2014.

El 3 de marzo de este año, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional anunciaron que facilitarían préstamos de emergencia para atajar la crisis del coronavirus, «prestando especial atención a los países pobres donde los sistemas de salud son más débiles y la gente es más vulnerable».

Hoy en día, África se encuentra al borde de una crisis por deuda, en gran parte debido a que pidió préstamos a instituciones financieras privadas en forma de créditos bancarios y bonos. Por tanto cabe preguntarse: ¿por qué se están aplicando las mismas soluciones neoliberales y financieras para resolver los problemas sistémicos generados por ellas?

FUENTE

Este artículo fue redactado por: Crystal Simeoni, líder de Justicia Económica en FEMNET, una de las redes de derechos de las mujeres más grandes de África. En FEMNET dirige un cuerpo de trabajo que cruza las narrativas feministas panafricanas en procesos y espacios de política macroeconómica a diferentes niveles. Es becaria del Atlántico para la equidad social y económica en la London School of Economics.


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