Faltan políticas para prevenir próxima crisis financiera

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Patricia Miranda *

Entre los grandes desafíos para el mundo están la eliminación de la pobreza, reducción de las desigualdades y frenar el cambio climático. Los países de las Naciones Unidas han llegado a algunos acuerdos para alcanzar esto, como son los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático, pero el desafío de fondo es cómo implementarlos, con qué recursos financiarlos, quiénes verdaderamente se comprometen y qué metas concretas de tiempo hay para su avance.

El Grupo de los 20 países más ricos del mundo, conocido como el G20, no está lejos de este desafío, más aun, el problema se extiende a cómo implementar sus iniciativas sin causar el efecto contrario y aumentar así más las brechas, por ejemplo, iniciativas de financiamiento de la infraestructura que generan un endeudamiento mayor y más costoso, o peor aún, iniciativas que no mencionan los Acuerdos de París respecto al cambio climático. En ese marco, el logro de ODS y la lucha contra el cambio climático se ven seriamente menoscabados por los impactos de las necesidades de inversión y rentabilidad de los grandes capitales. La permanente priorización del crecimiento económico es una muestra de estas contradicciones.

Los últimos días de junio de este año, el G20 se reunió en Osaka, bajo el liderazgo de Japón. En su comunicado se refleja una sentida preocupación por una próxima crisis financiera global, uno de los factores que puede gatillar esta crisis es el crecimiento continuo de la deuda a nivel mundial.

Es un avance identificar los riesgos de una futura crisis, porque sus impactos son de alcance global, pero aún falta generar las políticas de prevención. El G20 recomienda la transparencia en el endeudamiento en deudores y acreedores, y la aplicación de la guía de los principios operacionales de sostenibilidad de deuda, sin embargo, éstos son llevados a cabo a través de un proceso que es solo voluntario, en países del G20 y algunos no G20. Se requieren mayores esfuerzos, la evaluación de la sostenibilidad de la deuda requiere de nuevos parámetros de medición, que incluyan la diversidad de la cartera de deuda de los países, por ejemplo, la deuda interna; adicionalmente, una mirada principalmente enfocada en medir el saldo de deuda respecto al PIB es incompleta, al no incluir límites de deuda que midan el peso del pago del servicio respecto a los ingresos fiscales.

El G20 aún se apoya en el Club de París como el foro principal de reestructuración de deuda bilateral oficial, sin embargo, un nuevo panorama de deuda, con acreedores que no forman parte del Club de París, otros acreedores bilaterales, deuda multilateral y una deuda con el sector privado, implican la necesidad de un mecanismo de reestructuración distinto, que vaya más allá de un club de acreedores, que sea una corte de arbitraje de la deuda independiente para intermediar un proceso justo, oportuno y transparente.

Adicionalmente, el G20 recomienda que la revisión de las políticas de límites de deuda que realiza el FMI contemple otras deudas, como las deudas garantizadas por el sector público; esperamos que el evidente nuevo panorama de la deuda sea tomado en cuenta en este proceso.

Las recomendaciones de fortalecer las capacidades de gestión de deuda en los países, así como promover la transparencia, es siempre oportuna y adecuada, al ser una necesidad en muchos países. Estos procesos deben ir acompañados por un fortalecimiento a parlamentarios, que son el ente que aprueba los créditos, y el acceso pleno a información a la sociedad civil y población en general.

El G20 nace con la intención de solucionar la crisis financiera del 2008, siendo sus principales temas de decisión económicos y financieros, aunque posteriormente ha ido abordando otros temas sociales. Cada año la presidencia del G20 enfatiza algunos aspectos que diferencian su mandato, y uno de ellos en esta oportunidad, bajo el liderazgo de Japón es la innovación tecnológica, digitalización, inteligencia artificial, resumido en una sociedad del futuro denominada “Society 5.0”, que por un lado puede permitir la generación de datos e información, pero nuevamente en este marco de tensiones y contradicciones, se deben prevenir sus efectos negativos, como por ejemplo en los aspectos laborales y de derechos humanos.

Finalmente, las decisiones y políticas del G20 tienen un impacto de alcance global, podrían permitir lograr los ODS el 2030 como también podrían generar la próxima ola de endeudamiento, por lo que es importante el seguimiento y cuestionamiento desde la sociedad civil, más aún ante su ilegitimidad al estar conformado solo por los países con las economías más grandes, poseedores de la mayor riqueza y capital.

* Patricia Miranda es Coordinadora de Incidencia Política en Latindadd


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