Equidad y redistribución: reformas necesarias en los sistemas tributarios

Comparte en redes sociales

La necesidad de implementar reformas tributarias es un debate recurrente en países los de la región donde hasta ahora permanecen sin resolverse los problemas sociales y el descontento de los sectores de población históricamente rezagados se hace cada vez más fuerte.

En un contexto en que los constantes cambios políticos llevan a los gobiernos de turno a aplicar reformas para lograr sistemas fiscales más progresivos y a las poblaciones a realizar acciones de resistencia para no retroceder y defender lo conseguido durante los gobiernos progresistas, ahora se ven amenazados por las decisiones de gobiernos de derecha instaurados recientemente, lo que viene generando situaciones de conflicto en varios países de la región.

Cuando se dan situaciones de brechas fiscales más amplias –producto de choques externos o malos manejos de la economía interna–, las medidas de ajuste siempre golpean a los sectores medios y bajos de la población, con recortes en el gasto social y afectaciones en los ingresos de las mayorías por medio de rebajas salariales y aplicación de mayores impuestos al consumo. Sin embargo, muy poco, o nada, se dice y se hace con respecto a la recaudación de los sectores de mayores ingresos.

¿QUÉ FÓRMULA APLICAR?

La evidencia nos dice que según cómo se aplique la política fiscal, se podrán conseguir distintos resultados. Una recaudación más progresiva y con un gasto social más eficiente, nos llevará a situaciones mejores y más sostenibles, con sociedades que distribuyan la riqueza de manera más equitativa. La CEPAL[1], en un análisis aplicado para diecisiete países de América Latina, muestra que el coeficiente de Gini baja solo 3 puntos porcentuales después de impuestos directos y transferencias públicas monetarias, mientras que en los países de la OCDE la disminución es de 17 puntos después de la acción fiscal directa.

En nuestros países la aplicación de programas de transferencias en efectivo tiene un efecto limitado debido a que la recaudación de los recursos para financiar dichos gastos es de muy bajo nivel y además es de carácter regresivo; ya que por medio de impuestos indirectos, los sectores más desfavorecidos prácticamente están financiando sus propios ingresos provenientes de dichas transferencias directas (en efectivo), además padecen la mala calidad en la provisión de servicios básicos que les brinda el Estado.

Esta afirmación puede ser corroborada tomando algunos datos, como los que ofrece la plataforma #dataIGUALDAD, sobre recaudación y gasto, y tratar de relacionarlos unos con otros. De forma simplificada, para los países de Sudamérica se observa que existe una correlación positiva entre la tasa media de recaudación efectiva en la renta de las personas con mayor riqueza y los ingresos tributarios del país (gráfico 1). Países como Argentina, Bolivia y Uruguay, donde la tasa efectiva es mayor al 7% (el promedio para la región es de 4.3%), tienen una presión fiscal de alrededor del 30% del PIB, cifra bastante alta para el promedio latinoamericano, y son justamente estos países los que reducen en mayor proporción sus índices de Gini luego de transferencias e impuestos.

Gráfico 1
Tasa media efectiva de impuesto a la renta del 10% más rico vs. Ingresos Tributarios como % del PIB

Fuente: elaboración propia con datos tomados de DataIgualdad.

Del mismo modo, los mayores niveles de ingresos tributarios permiten que los estados puedan financiar el gasto social y, por ende, una mejor distribución de los recursos. Nuevamente, son países como Argentina, Brasil y Bolivia, donde se observa un mayor gasto social que en los otros países de la región sudamericana (gráfico 2).

Gráfico 2
Presión tributaria vs. Gasto social

Fuente: elaboración propia con datos tomados de DataIgualdad.

En suma, se podría concluir que una recaudación más progresiva, priorizando los impuestos directos por sobre los indirectos, permite llevar a que los estados logren mayores ingresos tributarios, y estos ingresos a su vez pueden facilitar la existencia de recursos suficientes para financiar los programas que benefician a los que menos tienen. Una política fiscal más redistributiva debe enfocarse en mejorar y ampliar la tributación que grava la renta y el patrimonio, así como en hacer más eficientes y universales los programas de transferencias y subsidios directos, reduciendo de esta forma la brecha de desigualdad y asegurando una vida digna para las personas.

[1] Los efectos de la política fiscal sobre la redistribución en América Latina y la Unión Europea. CEPAL, 2014.

Este artículo fue redactado por Rodolfo Bejarano, Coordinador de investigaciones de Latindadd.


Comparte en redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.