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Organizaciones feministas y aliadas indignadas: la CPTPP se apropia del Día Internacional de la Mujer

Cada 8 de marzo, las mujeres de todo el mundo recuerdan y celebran las luchas de las mujeres en el pasado y en el presente contra el patriarcado, los regímenes autoritarios, la violencia, el fundamentalismo de mercado neoliberal que explota nuestro trabajo, silencia nuestras voces, privatiza nuestros servicios públicos y desregula nuestros mercados. El Día Internacional de la Mujer celebra el poder de los movimientos de mujeres para avanzar hacia cambios políticos progresistas y festeja las acciones solidarias que han emprendido las mujeres, desde que las mujeres tomaron las calles por el derecho a votar y a ocupar cargos públicos, cuando las mujeres se declararon en huelga para exigir igual salario y cuando las mujeres han honrado a otras mujeres inspiradoras en sus vidas.

Decididos a humillar a las luchas y a los movimientos de mujeres, los gobiernos de Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam se reunirán el 8 de marzo de 2018 en Santiago de Chile para firmar el llamado  Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por su sigla en inglés) que no es ni progresista ni feminista.

Al igual que su predecesor, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés), El CPTPP, provocará una carrera hacia el abismo, en la cual las mujeres serán las más perjudicadas. El Tratado promoverá la competencia laboral y los bajos salarios de las mujeres como una ventaja competitiva para las empresas. Amenazará el acceso de las mujeres a los servicios públicos mediante la reducción de aranceles, que priva a los gobiernos de ingresos importantes, y autorizará que empresas extranjeras compitan por contratos públicos. Además, establecerá mecanismos de protección de inversiones que desanimen a los gobiernos a revertir las privatizaciones fallidas y dificultará las mejoras en el acceso a los servicios públicos esenciales y básicos.

Cuando los gobiernos recortan servicios sociales públicos, como la atención médica, la salud de las mujeres a menudo se considera prescindible y, además, las mujeres son quienes proveen el trabajo no remunerado de cuidados que se vuelve necesario por la retracción de la asistencia pública. Basado en el principio de “tratamiento nacional”, el CPTPP también requiere que los países traten a las compañías extranjeras de la misma manera que tratan a las locales, obligando a las mujeres, que son la mayoría de los agricultores de subsistencia de pequeña escala, a competir contra las grandes agroindustrias.

Los derechos de propiedad intelectual más estrictos serán una “gran ganancia” pero solo para las grandes compañías de semillas que tendrán poder legal para prohibir el intercambio de semillas entre los agricultores y para exigir que estos paguen regalías por ‘sus’ semillas por hasta 20 o 25 años. Las mujeres, custodias de semillas, alimentos y conocimientos tradicionales que dependen del intercambio de semillas y de otros insumos, se verán muy perjudicadas por el CPTPP, y se verán obligadas a abandonar sus granjas y la economía local.

Más escandaloso aun, el CPTPP mantiene el Acuerdo de Solución de Controversias entre Empresas y Estado (ISDS, por su sigla en inglés), un mecanismo que permite a las corporaciones extranjeras demandar a los gobiernos ante tribunales de arbitraje internacionales, no sujetos a supervisión, cada vez que los gobiernos aprueben leyes, políticas y prácticas que afecten los privilegios de las corporaciones. Las multinacionales han usado el ISDS para evitar pagar impuestos, socavar políticas de interés público como las políticas de salud, revertir políticas de acción afirmativa, evitar obligaciones para proteger ambiente, castigar a los gobiernos que introduzcan energía limpia o quieran revertir privatizaciones fallidas.

Nosotras, las organizaciones de derechos de mujeres y sus aliadas estamos indignadas de que los gobiernos hayan decidido continuar con el CPTPP a pesar de todas sus críticas y sin consulta ni debate públicos con la ciudadanía. Es indignante que procedan a anular los derechos humanos de las mujeres el mismo día que los celebramos. Las mujeres y nuestras organizaciones hemos luchado durante siglos por estos derechos y rechazamos dar más poder y poner más privilegios en manos de grandes corporaciones multinacionales y de unos pocos ricos. Es una violación del principio fundamental del contrato social que establece que la soberanía proviene del pueblo.

Muchos de los gobiernos que forman parte del CPTPP utilizan la retórica de los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género. La mención a la igualdad de género en el preámbulo del CPTPP es otra de esas retóricas destinadas a encubrir la consolidación sin fisuras del poder y el privilegio corporativo y la ausencia evidente de un capítulo de género, aun si fuera simbólico e ineficaz. Si los países que integran el CPTPP están verdaderamente comprometidos con los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género, no deben continuar con el CPTPP.

Exigimos a los gobiernos que integran el CPTPP que abandonen la suposición encubierta que equipara la oposición a acuerdos comerciales como éste con el nacionalismo o el rechazo a un multilateralismo genuino. Los tiempos actuales requieren que la comunidad global diseñe un modelo de comercio diferente, basado en la economía solidaria y en los derechos humanos, que proteja a las personas y al planeta, y redistribuya poder, recursos y riqueza entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres y entre países.

  • Se aceptan firmas únicamente de organizaciones con sede en alguno de los países del CPTPP (Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam). Las firmas de organizaciones que no sean de estos 11 países serán excluidas. Para apoyar firme aquí.

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