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“Faltan lentes feministas en la política fiscal”

“Faltan lentes feministas en la política fiscal”

La política impositiva suele ser evaluada desde ángulos estadísticos. Sin embargo, no suele tenerse en cuenta que, como toda medida económica, su impacto repercute de diferentes maneras en la población. Ana Tallada, miembro del Consejo Directivo de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derecho (Latindadd), dirigente de la articulación continental REMTE (Red de Mujeres Transformado la Economía) y referente feminista peruana viene recalcando, precisamente, que no hay una política fiscal justa si se relegan deudas sociales como, por ejemplo, los derechos de la mujer. “Los técnicos me miran raro cuando les digo que la política fiscal debe incorporar la cuestión de género”, recalca Tallada en un pasaje de la entrevista.

-A priori, justicia fiscal y políticas de género parecen tópicos distantes. Me imagino que usted no comparte esa visión. ¿Por qué deberían pensarse como problemáticas entrelazadas?

-Para explicarlo parto de una premisa: vivimos en Latinoamérica, la región más desigual del mundo, no la más pobre, pero si la más inequitativa. Dentro de ese marco de desigualdades estructurales se halla la desigualdad de género. Eso se hace evidente en la esfera económica porque tanto en momentos de desaceleración como de crecimiento los derechos de las mujeres van por debajo al de los hombres.

Entonces, cuando desde la militancia feminista abordamos esa inequidad encontramos varias problemáticas: la violencia de género, la falencia en los derechos reproductivos, y muchas otras cuestiones. Y cuando te planteas resolver esos problemas desde el Estado hay dos herramientas claves: las políticas públicas y el presupuesto. La caja de los gobiernos se nutre, claro está, de la política fiscal y la recaudación. Lo que muchas dirigentes advertimos, a partir de haberlo estudiado e investigado durante los últimos años, es que esa política fiscal no contempla los derechos de la mujer. Los gobiernos, para decirlo de algún modo explícito, no se ponen lentes femeninos para abordar ese diseño económico.

-Dentro de las inequidades que menciona es evidente que la mujer gana menos que el hombre por un mismo trabajo. En ese sentido, ¿Los gobiernos ya han comenzado a desglosar su política impositiva incorporando prerrogativas que beneficien a la mujer?

-A ver, se están dando avances en el campo presupuestario a favor de la mujer pero, en el campo fiscal, estamos en pañales. Una especialista en el tema de fiscalidad y género, la argentina Corina Rodríguez, señala que hay medidas incipientes en algunos países tendientes a analizar la recaudación impositiva. Esas investigaciones señalan que los impuestos regresivos como el IVA afectan mucho más a la mujer porque, en principio, ganan, en promedio, un 25% menos que el hombre y, además, muchas veces, deben destinar buena parte del salario a comprar productos básicos si es que se encuentran, como suele suceder, a cargo de las tareas cotidianas de la casa.

-¿Política fiscal e inequidad de género parecería ser un tema muy emergente en la agenda social tanto de los gobiernos como de los colectivos civiles?

-Sí, así es. He participado recientemente en convocatorias continentales multiactorales, donde participé como parte de Latindadd, y ahí he notado la incomprensión de la problemática por parte de los funcionarios que tienen responsabilidades en el área fiscal.

-¿No saben cómo interpretar la demanda?

-Para ilustrar la situación voy a contar un episodio. Durante unas jornadas de discusión un economista latinoamericano se sinceró conmigo, me dijo: “en términos fiscales se aborda la eficiencia y no la equidad”. Fue muy significativa su declaración porque sintetiza el cuadro. Otra anécdota: en un encuentro con administradores fiscales de toda Latinoamérica (que reúne a las AFIP de toda la región) expuse los lineamientos centrales de lo que implica la desigualdad de género en la cuestión impositiva y tuve distintas recepciones. Una funcionaria de alto rango de Uruguay se mostró tan sorprendida como receptiva.

En cambio, hay mucha resistencia desde los analistas económicos que abordan lo fiscal desde un prisma macro porque hay una tendencia de que las reformas fiscales sean lo más simples posibles. Es decir, los Estados buscan aglutinar contribuyentes por franjas sociales bien abarcativas. Desglosar, ya sea para beneficiar a la mujer o a otros sectores relegados, es visto como una tarea ineficiente y que demanda mucho tiempo a las políticas de recaudación.

-Esta cobrando mucho protagonismo en Perú el movimiento Ni Una Menos. ¿Cuáles son sus principales demandas y cuál es la reacción del actual gobierno nacional con dichas peticiones? 

-La marcha de Ni Una Menos de agosto del año pasado es un hito en la historia de los movimientos sociales peruanos porque trascendió la cuestión de los derechos de la mujer. Es decir, no todos los días un colectivo social logra convocar en la calle a 300 mil personas en distintos puntos del Perú. En otros momentos, las movilizaciones de género que lográbamos articular no superaban las diez mil personas.

Además, la masividad del movimiento ha logrado colocar la problemática de la violencia de género en la agenda pública, tanto en la esfera estatal como en el campo de los medios de comunicación. Y eso, naturalmente, ha logrado efectos positivos en algunas políticas públicas porque el propio ministerio de la Mujer, al tener la presión social de 300 mil personas en la calle reclamando cambios, hoy está más empoderado dentro de la estructura pública a la hora de discutir un presupuesto.

 A futuro, creo que el desafío es conectar esa agenda feminista con una agenda de reivindicaciones sociales más amplia. En lo propiamente fiscal tenemos una barrera: las cuestiones impositivas suelen ser temas duros y espinosos. Por lo tanto, es muy difícil entusiasmar a la militancia feminista o a especialistas económicos con seguir e investigar dichos temas. Por el momento, son dos universos distantes y necesitamos que se encuentren para masificar el reclamo de género e inequidad fiscal. Esa convergencia de mujeres feministas trabajando lo económico es poco frecuente en América Latina. No tanto en Asia o África.

-El ciclo progresista regional, hoy en retroceso, y liderado incluso por Jefas de Estado tuvo avances significativos en políticas de redistribución del ingreso. ¿Considera que hubo un correlato en las políticas públicas de género? 

-Ese eje, justamente, será debatido en el próximo congreso de la REMTE porque creemos muy necesario leer al ciclo progresista regional con lentes feministas. Pero, en principio, puedo decir que, a grandes rasgos, hubo significativos avances a favor de la mujer. Creo, sin embargo, que algunos países se destacaron más que otros. Gobiernos como el de Bolivia y Ecuador han dado grandes pasos emancipatorios en ese campo. El país presidido por Evo Morales abrió un cupo del 50% garantizado a las mujeres en puestos legislativos o del Estado. Es un caso paradigmático en el mundo.

-Militó en organizaciones sociales de base y en redes civiles transnacionales.  En términos de acción política e incidencia en el poder, ¿Cuáles son las debilidades y fortalezas que encontró o encuentra en las dos instancias organizativas? 

-He tenido la oportunidad de trabajar en ambos tipos de espacios, el más de base pero también el institucional. Pero, también he militado mucho en espacios mixtos. En general, no participe en espacios que sean sólo de mujeres porque para decirlo, de un modo muy simple y exagerado, me he dado cuenta que para cambiar al mundo no debo solo trabajar con mujeres. Me defino como una militante feminista de espacios mixtos.

Pero, volviendo a la pregunta. Participe y participo en espacios de articulación civil bien heterogénea, pero también soy miembro de colectivos, como Latindadd, que buscan tener influencia en instituciones muy significativas como Naciones Unidas. Entonces, como conclusión, yo tengo una posición ecléctica: creo que hace una fuerte organización articuladora por abajo para poder tener incidencia en sectores institucionales claves. Un campo no es más importante que el otro; en todo caso, se complementan.

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