En su informe conjunto anual, el Centro de Desarrollo de la OCDE, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y CAF –banco de desarrollo de América Latina reclaman una alianza mejorada entre China y América Latina. En opinión de los autores del informe, a medida que el fenómeno de la “riqueza cambiante” liderado por China –según el cual el centro de gravedad de la economía global se está desplazando hacia las economías emergentes– entra en una nueva fase y tiene un impacto sobre la economía mundial, América Latina debería tratar de responder a los retos planteados por su agenda de crecimiento inclusivo.

Durante la presentación del informe en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Conferencia Iberoamericana celebrada en Cartagena de Indias el 11 de diciembre, Mario Pezzini, en su calidad de director del Centro de Desarrollo de la OCDE, realizó las siguientes declaraciones: “La trampa del ingreso medio es un reto continuo para América Latina, que necesita esforzarse por lograr un mayor grado de diversificación productiva, modernización e integración.  La ‘nueva normalidad’ de China supone a la vez un llamado de aviso y una oportunidad para la estrategia de desarrollo de la región hacia esos objetivos”.

El informe señala que las relaciones comerciales entre China y América Latina han experimentado un aumento impresionante, con unos flujos comerciales que se han multiplicado por veintidós desde el año 2000, frente a un incremento mundial del triple en términos generales.

La evolución de la participación china en los encadenamientos de la cadenas globales de valor de América Latina ha sido notable, llegando incluso a superar a las intrarregionales: entre los años 2000 y 2011, la proporción intrarregional de la región en los encadenamientos hacia atrás creció del 5% al 9%, mientras que la proporción china se disparó del 1% al 11%. China es en la actualidad el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú.

América Latina debe avanzar en su agenda de integración, utilizando como base las plataformas existentes, tales como el Mercosur, la Alianza del Pacífico y CARICOM, para aprovechar las ventajas derivadas de una mayor integración en las cadenas globales de valor.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, abogó por “mercados regionales mejor integrados, ya que estos pueden ofrecer oportunidades para atender a una mayor demanda de consumo, lograr economías de escala y atraer un mayor volumen de inversión extranjera directa, en combinación con medidas dirigidas a aumentar la competitividad y mejorar el acceso a las cadenas globales de valor”.

La integración resulta aún más crucial si se tiene en cuenta que la reducción de la demanda china de materias primas junto con la disminución de los precios continuará afectando a los exportadores latinoamericanos de productos y materias primas durante las próximas décadas. Según las proyecciones del informe, para 2030 las exportaciones de metales y energía caerían del 16% al 4%, y las de productos alimenticios del 12% al 3%.

Para aprovechar el impulso de las oportunidades que ofrece la llamada “nueva normalidad de China y para seguir siendo competitivas, las economías de América Latina y el Caribe necesitan, en primer lugar, implementar políticas de desarrollo innovadoras para satisfacer mejor la creciente demanda china, sobre todo en el sector de la industria agroalimentaria y los servicios. El diseño de políticas y de una estrategia verdaderamente efectiva en capacitaciones e innovación será esencial para conseguir estar a la altura del fortalecimiento del capital humano emprendido por China. En 2030 se estima que aproximadamente 200 millones de ciudadanos chinos tendrán estudios terciarios, una cifra que doblaría el número de titulados en América Latina.

Enrique García, presidente ejecutivo y presidente de CAF —banco de desarrollo de América Latina, manifestó que: “China y América Latina deben trabajar juntas para profundizar en una relación estratégica, dinámica y a largo plazo basada en una agenda común. Dicha relación debe fomentar la simetría en las relaciones comerciales, la transferencia de tecnología y las inversiones estratégicas”.

Los vínculos existentes entre China y la región deben intensificarse y optimizarse. Los créditos concedidos por China a América Latina desde 2010 alcanzaron los 94 mil millones de dólares (estadounidenses), convirtiéndose en el mayor país prestamista de la región. Es probable que esta tendencia continúe, ampliándose a nuevos países y sectores. Sin embargo, el informe plantea que los préstamos deben ir acompañados de una mayor transparencia y regulación, especialmente en relación con las consecuencias medioambientales.

Un desplazamiento hacia industrias intensivas en conocimiento y tecnología, así como la optimización de los flujos financieros para subsanar deficiencias en materia de infraestructuras, podrían contribuir a sacar el máximo rendimiento de las ventajas que plantea la “nueva normalidad de China. De esta forma, China podría mantener a América Latina como una fuente fiable de materias primas, un mercado seguro para sus exportaciones y un destino atractivo para la diversificación de sus inversiones en el exterior.

Para más información sobre el informe Perspectivas Económicas de América Latina 2016 – Hacia una nueva alianza con China, consulte: www.latameconomy.org.

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