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¿A dónde va América Latina?

¿A dónde va América Latina?

En noviembre de 2005 comenzó la historia de la nueva era latinoamericana, los gobiernos progresistas de la región, reunidos en la IV Cumbre de las Américas, se unieron para rechazar las intenciones de Estados Unidos de convertir a toda la región en un satélite de su política mediante el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), apoyada por una concentración de más de 50 000 participantes en la III Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata. La integración regional se impulsó tras ese cónclave.

A 10 años de la victoria sobre el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), la región ha tenido avances significativos en el ámbito social y económico, sin embargo, los desafíos siguen siendo grandes, aún es la región más desigual del mundo; la heterogeneidad de países, así como las miradas y realidades distintas, nos llevan a reflexionar sobre el rumbo por el cual, los gobiernos y los movimientos sociales, deberían llevar a la región. El más grande reto, y el que más beneficios podría traernos es la integración.

La Red Latinoamericana de Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd), con motivo de su reunión anual, organizó en Quito-Ecuador, en el mes de noviembre, junto a sus miembros anfitriones Jubileo Guayaquil y CDES, la Conferencia Internacional ¿A dónde va América Latina?, que tuvo la presencia de representantes de Unasur, parlamentarios de la región, autoridades de Ecuador, organizaciones de sociedad civil, movimientos sociales[1] de la región y de Ecuador y las 21 instituciones miembro de Latindadd con presencia en 12  países; en un espacio donde se analizó y debatió la situación actual de la región y sus principales desafíos desde lo político, social y económico.

La crisis que se avecina en la región

El mundo se encuentra en una crisis sistémica, una crisis civilizatoria en la que convergen la crisis alimentaria, la crisis energética, la crisis climática y la crisis financiera.

El reciente periodo de “auge”, liderado por la exportación de las materias primas, los flujos de remesas y el financiamiento a través de mercados internacionales, ha beneficiado no solo a los países de nuestra región, sino también a países en desarrollo de otras regiones. Al mantenerse las mismas estructuras de acumulación del capital y de concentración del poder, la crisis tendrá un impacto global.

Latinoamérica comienza a sentir los impactos de la caída de los precios de las materias primas y la menor demanda de Asia, y se prevén impactos a partir de las expectativas de incremento de las tasas de interés desde la Reserva Federal de Estados Unidos.

Nuestras economías son vulnerables ante un sistema de especulación que pone los precios de las materias primas, un sistema financiero basado en la especulación que ya no permite identificar la economía real.

Algunos de los temas económicos cruciales para la región son:

  • Cambio de nuestra economía primario exportadora: El aparato productivo de América Latina no tiene la capacidad de generar empleo y menos para cambiar la estructura de propiedad del capital. Es necesario encarar un proceso sólido hacia una economía de industrialización e ir más allá, hacia una economía del conocimiento.
  • Generación de recursos fiscales: La evasión y elusión fiscal, que son parte del actual sistema fiscal global, también afectan a los países de la región, con flujos ilícitos que salen hacia paraísos fiscales, y que, de haber sido invertidos en el país, hubieran contribuido al desarrollo, reducción de la pobreza y desigualdad. Por otro lado, las estructuras nacionales de generación de recursos (sistemas regresivos) y distribución de los recursos fiscales, contribuyen a la generación de desigualdades. Es crucial demandar desde la región un cambio en el sistema fiscal internacional, hacia uno democrático y transparente, en un marco de justicia fiscal.
  • La deuda nuevamente en agenda: la deuda ha sido desde algunos años un tema de agenda especialmente en Europa; en nuestra región la deuda externa pública tiene una tendencia creciente y en condiciones más caras, además de existir otras categorías como la deuda interna –en algunos casos mayor a la externa- y la deuda externa privada. Debemos impulsar desde la región criterios de sostenibilidad de la deuda, responsabilidad en el endeudamiento (condiciones, condicionalidades y destino de los recursos) y un tribunal independiente de resolución de la deuda.
  • Rol del sector privado en el financiamiento del desarrollo: Se prevé un incremento de su participación, más aun con el impulso desde las IFIs y bancos de desarrollo regionales, y a través del uso de la ayuda oficial para el desarrollo para apalancar recursos privados. Es necesaria la implementación de una regulación respecto a los impactos socio ambientales de estas intervenciones, de la aplicación de los principios de derechos humanos y empresas y la exigibilidad del cumplimiento de normativas laborales.
  • Tsunami de Asociaciones Público Privadas (APP) hacia la región: Esta modalidad crece en diversos sectores en la región, no sólo en energía y telecomunicaciones, sino también en infraestructura, educación, salud y agua. La falta de evidencia sobre la mejor gestión en el sector privado que en el público, el riesgo de generación de pasivos contingentes y el encarecimiento en el acceso a bienes y servicios públicos, muestran la necesidad de analizar antes de un proyecto si una APP es la mejor opción, también se requiere un marco regulatorio, con evaluaciones ex ante y un monitoreo a estas iniciativas, pero, sobre todo, evitar su aplicación a los servicios públicos, que se relacionan con derechos fundamentales que no deberían ser privatizados, como por ejemplo el derecho al agua.
  • Acuerdos de Comercio: Los Tratados de Libre Comercio (TLC), los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI), los Acuerdos sobre el Comercio Internacional de servicios (TISA), el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), son los tipos de acuerdo contra los cuales los movimientos sociales de la región han luchado históricamente, porque no han sido beneficiosos para nuestros pueblos. Es necesario plantearse una integración de la región basada en el comercio aprovechando el consumo y demanda regional.

Los desafíos son grandes, se han distribuido los ingresos, pero no la riqueza, pues la acumulación de capital ha aumentado.Es necesario analizar, debatir y proponer frente a los retos que encara América Latina en su interior y en su relacionamiento global. 

Nueva configuración del poder mundial

Se está dando un reordenamiento en las arquitecturas de poder, con una nueva relación entre grandes ejes hegemónicos. Esta reconfiguración de la geopolítica mundial puede darse en paz o en un espacio de grandes confrontaciones, en lo bélico, cultural, económico y comercial.

La forma como encare América Latina esta dinámica será determinante en el destino de la región. Podría ser a través de la conformación de un bloque con una integración que busca la construcción de una región  potencia; o se la podría encarar de forma individual, en un relacionamiento soberano de cada país con los centros de poder, siendo fundamental la relación comercial y el lugar que ocupe la región.¿Cómo puede insertarse América Latina en esta dinámica, con sus economías basadas principalmente en la exportación de materias primas?

Cada vez que los mercados mundiales se mueven, nuestras economías son impactadas. América Latina ha establecido relaciones con los poderes emergentes, como China, pero la crisis económica que está reduciendo la demanda de materias primas, ya permite observar el impacto en nuestros países y en las economías locales.

En este relacionamiento comercial, hay que reconocer que nuestra región es principalmente importadora, nuestro consumo regional viene fundamentalmente de las economías mundiales, por tanto, tenemos un mercado regional potencial no aprovechado que podría apuntar a reconfigurar la concepción de desarrollo hacia afuera por un desarrollo hacia adentro.

El factor de poder de América Latina es contar con recursos naturales, ¿Cómo aprovechar este poder para impulsar un desarrollo con industrialización y diversificación económica con un enfoque ecológico, consolidando los sistemas democráticos, velando por la paz y respetando los derechos humanos?

El desafío de la integración

Los procesos de integración de la región iniciados hace 8 años han surgido con la contribución de planteamientos y demandas desde los movimientos sociales, con la creación de UNASUR, Banco del Sur, el Sucre y otras propuestas como un Fondo Monetario del Sur, como componentes de una nueva arquitectura financiera regional hacia una economía al servicio de las personas. Estas iniciativas, lideradas por los países progresistas de la región, no han tenido una continuidad y el empuje necesario hasta concretarse en una integración efectiva con el enfoque inicial que se planteó desde los movimientos sociales.

¿Qué está pasando con la integración regional? En plena crisis, los gobiernos latinoamericanos están divididos, unos han apostado a la integración Norte-Sur, no sólo por los tratados bilaterales sino, sobre todo, por los tratados que cubren grandes espacios en los ámbitos  continental y regional, como la llamada “Alianza del Pacífico”, dando la espalda a los intereses regionales de América Latina; otros como Brasil, apuntan a formar parte de los BRICs, defendiendo los intereses  de sus transnacionales más que los de su pueblo.

Además, la fragmentación de los Estados en las relaciones internas e interestatales es un factor que ha contribuido a menoscabar la integración regional.

Sin la integración no tendremos ni la soberanía ni la paz conquistada en los últimos años. Sin integración económica, no habrá cambio de la matriz productiva ni desarrollo científico y técnico, seguiremos siendo víctimas del modelo primario exportador y del sistema financiero especulativo. Sin integración, será difícil la recuperación de los valores ancestrales y la interculturalidad.

El rol de los movimientos sociales

La integración tiene varios vértices, se debe dar desde los gobiernos, la sociedad y los parlamentos.

Los movimientos sociales han tenido una gran influencia en direccionar a los gobiernos de la región hacia esta integración, sin embargo, aspectos como ser la lucha contra el libre comercio, o incluso la deuda externa que, en momentos determinados, fueron factores de unión, ahora no son tan evidentes.

Los movimientos sociales en este tiempo también han presentado transformaciones, como ser fragmentaciones -al igual que los Estados, dispersión de temáticas e intereses, nuevas formas de articulación y movilización, la presencia de nuevos actores como ser los jóvenes; y presentan también desafíos como ser la búsqueda de temáticas que los vuelvan a unir hacia una articulación regional que contribuya a la integración y al reencauce de los procesos iniciados hace años en algunos países progresistas.

Algunas organizaciones perdieron su bandera de lucha y se quedaron estancadas,  otras fueron absorbidas  y en algunos casos frenadas por los gobiernos, incluyendo los progresistas. Pero el mayor problema de una buena parte de movimientos y organizaciones sociales fue su desconexión con las verdaderas bases sociales, las comunidades, organizaciones y colectivos que vienen luchando todo el tiempo, desde hace décadas, por sus derechos territoriales, el acceso a la tierra, los derechos al  agua, la vivienda,  el trabajo, la igualdad de género, la inclusión social, las políticas públicas impuestas por los estados neoliberales a favor del capital. A esta desconexión se une la desarticulación, a veces salpicada de confrontación ideológica, entre las miles de organizaciones  de la región.

La participación en espacios regionales también tiene una brecha. Desde las organizaciones sociales se promovió la creación del Foro de Participación Ciudadana el año 2013, que se viene construyendo, a partir de esa fecha, desde los países.

El desafío es grande ante una nueva crisis que se ve venir sobre la región, amenazando importantes conquistas de los movimientos sociales, del poder popular, y de los gobiernos progresistas nacidos en las urnas populares.

Desde Latindadd consideramos que la articulación en redes y la incidencia en nuestros gobiernos, así como el fortalecimiento a los movimientos sociales, son un aporte en la construcción de propuestas desde lo local, nacional y regional.

[1] Los movimientos sociales, también denominados más recientemente movimientos populares, que representan a la población desvinculada del gobierno y que lucha por sus reivindicaciones.

Este texto fue escrito por Patricia Miranda, miembro de Fundación Jubileo – Bolivia.

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