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Reformando al FMI-Banco Mundial vía Brics

Reformando al FMI-Banco Mundial vía Brics

Desde la llegada de China a los organismos multilaterales del FMI-Banco Mundial con su silla propia, hace ya cerca de dos décadas, se ha escalado el debate acerca de la mayor vocería y votación que debería tener el mundo emergente en dichos organismos.

Pese a todos los discursos sobre “nivelar la cancha de las multilaterales”, actualmente prevalece la anomalía de una marcada sub-representación de China, India y Brasil en sus derechos ante el FMI-Banco Mundial.

Por ejemplo, aunque estos tres países aportan casi un 20% del PIB-global, el conjunto de sus votos al interior de esos organismos tan solo es de 8%, a pesar de algunas enmiendas recientes que les han incrementado marginalmente el valor de sus derechos de voto.

Ahora bien, esa baja participación relativa del mundo emergente es tan solo una arista del problema de representación al interior de estos organismos multilaterales, quienes tanto insisten en una supuesta “transparencia” y “equilibrada gobernabilidad”. Además de los problemas de “voto”, están los problemas de “veto” ejercidos de forma recurrente por los Estados Unidos.

En efecto, decisiones cruciales al interior de esos organismos requieren votaciones de al menos un 85% de sus accionistas, pero Estados Unidos cuenta con una votación de casi 17%, con lo cual logra bloquear decisiones que no van en línea con sus intereses. Más aun, otro tipo de decisiones requiere mayorías calificadas y con frecuencia ha ocurrido que la simple y tradicional alianza de Estados Unidos con Canadá (con el 3%), Gran Bretaña (con 4%) y Japón (con casi 7%) logra bloquear otros cambios de menor envergadura, pero que a los ojos de la mayoría (numérica) de sus miembros resultarían convenientes para esos organismos.

La buena noticia para el mundo emergente es que los BRICS (Brasil, Rusia, India y China) están dando pisadas de animal muy grande y pronto harán reaccionar al FMI-Banco Mundial (a riesgo de volverse cada día menos relevantes, aun en el mundo del financiamiento global).

Por ejemplo, dichos BRICS han venido impulsando la creación de un nuevo Banco de Desarrollo, apoyos al Banco Asiático de Infraestructura y, más recientemente, soportes al Silk Road Fund, donde el conjunto de aportes señalados por solo China ya representa US$140.000 millones.

El problema con esta “quinta columna” de financiamiento proveniente de China es que amenaza con desorganizar los válidos esquemas de “justa-condicionalidad crediticia” con los cuales el FMI-Banco Mundial han querido asegurarse de que detrás de los dineros prestados van soportes a buenas instituciones que ayudarán a impulsar el crecimiento pro-mercado.

China, por el contrario, ha venido premiando países anti-mercado, como en los casos de Venezuela, Argentina y Nicaragua, financiando recompras de deuda y proyectos donde se benefician las empresas chinas, pero cuya sostenibilidad (inclusive ambiental) está siendo muy cuestionada.

La historia reciente del FMI ha sido de desaciertos estratégicos en su misión por mantener la estabilidad financiera global. Recordemos que durante 2000-2005 ese organismo decidió que el mercado estaba haciendo bien su tarea financiera y decidió achicarse y pensionar anticipadamente una buena parte de su experimentado personal.

Pero, oh sorpresa, no vio venir la crisis sistémica global del 2007-2009 y tuvo rápidamente que pasar de “replegar velas” a expandirlas. Ello ocurrió de forma algo desorganizada a la hora de atender las afugias de sus principales accionistas G7 (incluyendo buena parte de Europa y Japón), no a los emergentes, que hasta ese momento mostraban algo de “semi-separación” respecto de la crisis financiera global.

Pero al menos el FMI-Banco Mundial han hecho respetar los sanos principios de “condicionalidad” en sus programas de stand by, en vez de premiar con dineros a quienes todo lo dilapidan.

Así pues, los organismos multilaterales deberán apretar el paso en materia de reformas durante 2015-2017 y afianzar los principios pro-mercado, para dar mayor cabida a los emergentes, especialmente en lo relacionado con los BRICS (aunque bien sabemos que Rusia seguirá siendo un caso muy peculiar).

Todo esto sin entrar en los detalles sobre cómo varios de los máximos directores del FMI-Banco Mundial usaron sus puestos de mando como: i) trampolín político para intentar llegar a la Presidencia (el caso del alemán Kohler en 2004; o del español De Rato, en 2007); ii) para incrementarle el sueldo a sus amantes (Wolfowitz, teniendo que renunciar en 2007); o iii) para ganarse favores sexuales (el francés Strauss-Kahn, en 2011, ocasionando también su renuncia). En estos casos no solo no eran, sino que ni siquiera aparentaban estar a favor de la “transparencia” y la buena gobernabilidad.

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