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Latinoamérica a un paso de meta del milenio

Latinoamérica a un paso de meta del milenio

América Latina y el Caribe están a un paso de lograr la meta de reducción del hambre del Objetivo del Milenio, según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2014 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

De acuerdo al estudio presentado hoy en Santiago, se ha avanzado en un 92% en el objetivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) -reducir a la mitad el número total de personas hambrientas desde 1990/92.

Pero se requiere un último gran esfuerzo: incorporar a 2,75 millones de hambrientos durante 2015, lo que requiere que los gobiernos dupliquen sus esfuerzos, considerando que el promedio de reducción durante los últimos veinte años ha sido de 1,4 millones de personas por año.

“Once países y la subregión de América Latina ya han logrado la meta de la CMA. Si a eso sumamos el renovado compromiso de la región con la lucha contra el hambre, hay razones para pensar que durante el 2015 la región completa podría dar este gran salto hacia la erradicación del hambre”, anunció hoy Raúl Benítez, representante regional de la FAO.

En números absolutos, el hambre en la región bajó de 68,5 millones de personas a 37 millones en poco más de veinte años. La mayor reducción se ha dado en América del Sur: de 60,3 millones en 1990/92 a 29,5 en la actualidad, mientras en el Caribe la reducción ha sido menor: de 8,1 millones de personas a 7,5 millones, es decir 6,9 puntos porcentuales.

Catorce países (Argentina, Barbados, Brasil, Chile, Cuba, Guyana, México, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas, Uruguay y Venezuela) ya lograron cumplir esta meta, mientras que Bolivia, Colombia, Honduras y Surinam presentan niveles de avance superiores al 90%.

“Los avances a nivel de países y de la región son innegables. América Latina y el Caribe se ha convertido en un verdadero ejemplo global de la lucha contra el hambre, y su experiencia está siendo seguida de cerca por la comunidad internacional”, relevó Benítez.

El economista argentino proyectó que “de continuar la tendencia a la baja, la actual generación podría llegar a ser la última en sufrir hambre en América Latina y el Caribe”.

Para la FAO, América Latina y el Caribe logra encaminarse anticipadamente a la meta de reducción del hambre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, producto del vínculo entre crecimiento económico, un elevado compromiso político y el desarrollo de diversas políticas públicas de gran impacto sobre las poblaciones más vulnerables.

Complementariamente, la pobreza y la pobreza extrema también se han ido reduciendo a la par del hambre en la región, aunque en los últimos años el ritmo de disminución ha sido menor, sobre todo en el caso de la pobreza extrema. “Esto representa una amenaza para los avances de América Latina y el Caribe, por lo que los países deben redoblar sus esfuerzos en la implementación de políticas laborales, sociales y redistributivas que permitan retomar el ritmo de reducción de la pobreza”, alertó la entidad.

Valoró el compromiso político transversal y la aplicación de estrategias innovadoras que articulan políticas públicas de distintas áreas, con fuerte participación social, y respaldadas por sólidos marcos legales, aunque -insiste- “en algunos países el límite fiscal se presenta como condicionante para la implementación de políticas de carácter universal y gratuito.

Recordó que la región cuenta con alimentos suficientes para alimentar a toda su población, aun si hay países exportadores netos y otros que dependen mayormente de la importación de alimentos. Por ello, auspició el comercio intrarregional como herramienta que puede garantizar la estabilidad del abasto de alimentos a mediano y largo plazo.

La malnutrición por déficit o exceso en el consumo de alimentos siguen presentes, aunque con matices. La erradicación tanto de la desnutrición como del sobrepeso y la obesidad son asuntos que trascienden lo sanitario, considerando la fuerte vinculación entre malnutrición, pobreza y los sistemas alimentarios en los cuales se desenvuelven los países.

Llamó la atención sobre la alta volatilidad de los precios de los alimentos, los desastres naturales, y las pérdidas de alimentos que amenazan la estabilidad de la seguridad alimentaria y nutricional.

Por último, indicó que los pueblos indígenas y las mujeres rurales realizan aportes trascendentales para la seguridad alimentaria y nutricional de cada uno de los países de la región. Sin embargo, no han recibido aún toda la atención requerida respecto a políticas y programas que los beneficien de forma amplia e inclusiva. Reforzar la seguridad alimentaria y nutricional de estos grupos será un punto clave en la futura agenda de desarrollo regional.

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