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LIBRO: “Infraestructura – ¿Para la gente o para el lucro?”

LIBRO: “Infraestructura – ¿Para la gente o para el lucro?”

portadabollEsta publicación aborda el “redescubrimiento” más importante de los últimos años: el papel esencial de la infraestructura en el desarrollo económico, y en particular su impacto sobre la productividad y el nivel de vida de la población.

El renovado interés en este tema se pone de manifiesto especialmente en el consenso entre los líderes del Grupo de los 20 (G-20), las políticas de las instituciones financieras multilaterales, y los debates en curso en las Naciones Unidas con respecto a un nuevo paradigma de desarrollo post 2015.

Asimismo, las economías emergentes están en la misma lógica. Basta ver que en el marco de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se viene diseñando una banca de desarrollo cuyo principal objetivo sería la financiación de infraestructuras.

Este consenso parte de asumir que la inversión en infraestructura es una forma de salir de la crisis estimulando la demanda y con ello recuperar los niveles de crecimiento.

Ante esta realidad, los artículos reunidos en este libro contribuyen a un debate importante, ya que reflejan la creciente preocupación por este paradigma de crecimiento. Mientras la discusión se aplica con carácter general a todas las formas de infraestructura, el énfasis elegido en este libro es sobre la infraestructura en el sector energético que puede reflejar mejor algunos de los dilemas a considerar.

Sin poner en tela de juicio la importancia de la infraestructura para el desarrollo, los diferentes capítulos reflejan la experiencia y la investigación de los miembros de las organizaciones e instituciones académicas, y sus socios (incluidos los movimientos sociales y organizaciones de base), poniendo adelante perspectivas que son el resultado de la participación en numerosos talleres, foros, seminarios y debates en todos los países. Ello nos invita a reflexionar sobre las limitaciones del paradigma, incluso desde la perspectiva estrecha de ver a la infraestructura como un estímulo de la demanda y un motor del crecimiento económico.

Una de estas limitaciones es la que se propone como necesaria para la integración nacional y regional de varios megaproyectos de infraestructura. No obstante, la mayor parte de los beneficios se concentran en ciertas industrias, especialmente las extractivas. No parece haber ninguna visión estratégica para la industrialización y la expansión de la matriz productiva, agregando valor, o incluso aprovechando adecuadamente, a través de impuestos, estos recursos ya se están extrayendo.

Además, el nuevo modelo de infraestructura propone movilizar la inversión extranjera, tanto pública (por ejemplo, los fondos de riesgo soberano, o los bancos de desarrollo de países como China, India o Brasil) y (inversores institucionales) como privada. Este discurso parece ser hecho a la medida para la pérdida de la capacidad de maniobra fiscal que el sector público ha experimentado en todos los países desde el inicio de la crisis.

Lo que esconde el discurso es que la movilización de la inversión requerirá recursos fiscales iguales o mayores para garantizar los riesgos de los inversionistas. La posibilidad de contribuir a la rentabilidad y la mitigación de los riesgos de capital privado con recursos de los contribuyentes y de los usuarios, plantea profundas interrogantes sobre las consecuencias distributivas y el riesgo moral de los mecanismos para la movilización del financiamiento.

Mientras que una de las justificaciones para los proyectos de infraestructura es el acceso a los servi
cios de los sectores de ingresos más bajos y vulnerables, es común encontrar que estos sectores sociales probablemente serán aquellos afectados negativamente por los proyectos.

Algunos de los capítulos sugieren que el respeto de los principios mínimos para la consulta a las poblaciones beneficiarias, desde la fase de identificación de las necesidades de infraestructura (incluso antes de la etapa de planificación del proyecto), podría conducir a resultados mucho más acorde con las necesidades reales de esas poblaciones.

En la conferencia de Rio +20 todos los países se comprometieron a firmar un nuevo marco de desarrollo que hace un balance de los tres pilares del desarrollo sostenible: económico, social y ambiental. El logro de esta “triple línea de base” – social, económica y ambiental – convertido en inevitable, no sólo sobre una base de proyecto por proyecto, sino también en el propio paradigma general, y que ya no sea viable para continuar concebir el paradigma de la infraestructura como algo que puede ir hacia adelante tomando sólo de una perspectiva exclusivamente económica.

Los análisis y estudios de caso en esta publicación son un recurso necesario y oportuno para reconsiderar la dirección a seguir en relación con el paradigma de la infraestructura que queremos para este siglo. Y nos recuerdan que será fundamental contar con estatutos y reglamentos que implementan los principios de inversión responsable en infraestructura (en particular en las áreas de derechos humanos, género, medio ambiente, etc.) Estas leyes y regulaciones también deben ser parte del fuerte compromiso con la sociedad democrática, participativa y un gobierno de calidad.

* Esta publicación se encuentra disponible únicamente en castellano. La edición en inglés estará disponible en el cuarto trimestre del 2014.

 

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