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“Histórico acuerdo con los países integrantes del Club de París”

Éste fue el titular predominante del día 29 de mayo de 2014 en Argentina y, podemos decir en el mundo. De esta manera, el gobierno de la gestión kirchnerista, después de varios intentos, cerraba esta negociación aceptando cancelar 9.700 millones de dólares en los próximos 5 años, con opción a que sean, finalmente, 7 años de pagos, si es que no llegan inversiones externas desde los países acreedores. 

Éste fue el titular predominante del día 29 de mayo de 2014 en Argentina y, podemos decir en el mundo. De esta manera, el gobierno de la gestión kirchnerista, después de varios intentos, cerraba esta negociación aceptando cancelar 9.700 millones de dólares en los próximos 5 años, con opción a que sean, finalmente, 7 años de pagos, si es que no llegan inversiones externas desde los países acreedores.

El acuerdo suscripto está condicionado al ingreso de inversiones externas demoradas por la falta de pago de antiguas deudas, parte importante de las cuáles fueron asumidas en la dictadura genocida para pertrechos bélicos, armamentos entre ellos. En la medida que ingresen esas inversiones externas, los pagos podrían acelerarse, o demorarse en caso contrario.

Recordemos que el Club de París, grupo informal que tiene la función de coordinar formas de pago y renegociar deudas externas soberanas, está compuesto por 19 países, que los pasivos impagos de la Argentina corresponden a 15 miembros pero, que Alemania y Japón concentran el 60 por ciento de la deuda total (las empresas Toyota y Siemens fueron actores importantes en el proceso de negociación, como veremos más adelante). Siguen Holanda, Italia y Estados Unidos, con acreencias que no superan el 8 por ciento del total cada uno. El resto son pasivos más pequeños.

Los pagos comenzarán en Julio próximo con un desembolso de 650 millones de dólares, y dos pagos sucesivos, en mayo del 2015 y 2016, por 500 millones de dólares respectivamente. En total un pago directo de 1.650 millones de dólares en los próximos dos años.

Por el resto de la deuda, que se cancelará desde ahora y hacia el 2019 o el 2021, se le deberán adicionar intereses con una tasa del 3% por el saldo de capital, que si se extiende el plazo de cancelación se estirará a 3,8%.
Se aduce que se trata de una tasa de interés ventajosa en las condiciones del costo del dinero en la coyuntura. Sin embargo, poco se comenta la exigencia de disposición de recursos fiscales o de las reservas internacionales, que bien podrían tener otro destino.

Es evidente que la política económica que se viene implementando necesita ingresar divisas. Argentina llegó a acumular 52.000 millones de dólares en 2011 y ahora registra unos 28.500 millones de dólares. En muy poco tiempo se perdieron 23.500 millones de dólares, fugados del país por diferentes mecanismos económicos: salida por atesoramiento, turismo, pago de importaciones, cancelaciones de deuda y remisión de utilidades al exterior.

El Presidente del Banco Central informó, en un cónclave empresario, que se aspira a sostener el actual nivel de reservas a fines del 2014, con lo cual, pese a la cosecha récord y las consecuentes liquidaciones de divisas, más los préstamos e inversiones que habiliten los novísimos acuerdos externos, con el CIADI, Repsol y el Club de París, la confesión de partes señala a las presiones externas para hacerse de recursos provenientes del trabajo social en la Argentina, y que convoca a sostener una política oficial agresiva de ingreso de divisas y hacer frente a la demanda de pagos al exterior.

Las negociaciones de este acuerdo fueron conducidas por el Ministro de Economía, Alex Kicillof y su equipo económico, en representación del gobierno nacional, con el convencimiento de que el cierre de las mismas promoverá inversiones productivas en el país. Esta concepción es compartida por el arco oficialista, por la mayoría de la oposición y, por todos aquellos que consideran que las “inversiones externas directas” (IED) ayudarán a profundizar el actual modelo de “desarrollo”, resolverán la pobreza y la desigualdad. El famoso “desarrollo” con “inclusión social”, sin poner en debate qué tipo de modelo de desarrollo se está promoviendo, qué tipo de inserción global y cuáles son sus consecuencias.

Sin lugar a dudas, el modelo de desarrollo que se sigue promoviendo altamente concentrador y excluyente queda al desnudo cuando se analiza el rol que jugaron las grandes empresas de los países acreedores, que vienen haciendo buenos negocios en el país, y que en la etapa que se inicia proyectan fuertes inversiones Estas empresas, si bien permanecieron al margen de la escena pública” fueron los actores principales de la negociación y, según los comentarios “se movieron por interés propio (poniendo sobre la mesa de negociación los datos de crecimiento de sus negocios en Argentina, en los últimos años) pero, también empujadas por el gobierno nacional, que en los últimos tres meses mantuvo reuniones con altos ejecutivos de esas firmas para reclamarle su intervención”. (Diario Página 12, 01/06/2014)

Los emblemáticos nombres de estas compañías globales y, en qué sectores operan permite vaticinar cuál es el modelo a profundizar. Algunos ejemplos:

– En hidrocarburos se destrabarán inversiones para continuar con la exploración y explotación de petróleo y gas no convencional, con la devastadora técnica de “fracking”. Estas inversiones son, sobre todo, para Vaca Muerta (Neuquén) y la expectativa es que aparezcan nuevos interesados. “El presidente de YPF Miguel Gallucio ya sondeó a petroleras internacionales como Petronas y Pemex” incluso, se espera entusiasmar a algunas estadounidenses como Halliburton, Schlumberger y Weatherford.

– En el sector del agronegocio, Monsanto, la número uno en semillas transgénicas y a la cabeza de su comercialización, es una de las empresas, que también, se beneficiará, directamente, ante la resolución del default con el Club de Paris. Al igual que Syngenta, otras empresas del agrobussines y de fabricación de maquinarias agrícolas ((Jonh Deere).

– Las automotrices alemanas Volokswagen y Mercedes Benz; estadounidense General Motors y Ford; japonesas Toyota Corporation y Honda; francesas Peugeot Citröen, Renault; además de la expansión de estas firmas se espera el ingreso de autopartistas globales que ahora, expresaron: “verán con mejores ojos a un país que normaliza su deuda”

– En minería la japonesa Toyota Tsusho que trabaja para la extracción de litio en el norte del país y tiene nuevos proyectos para esta actividad; el gigante japonés, Marubeni, que es probable que reflote el megaproyecto para extracción de potasio en Malargüe, Mendoza (concesión que estaba en manos de la brasileña Vale). La canadiense Barrick Gold, también, favorecida con la firma de este acuerdo que le permite acceder a financiamiento de la banca de desarrollo de su país, a tasas promocionales, y retomar el proyecto Pascua Lama para obtener oro.

Podríamos continuar con la lista de industrias químicas, petroquímicas, laboratorios: Dow Química, Shell, Pfizer, Roche haciéndose aún más amplia si tenemos en cuenta las inversiones para infraestructura y tecnología. Que en verdad, no estarían mal, salvo que son funcionales al gran capital y no al servicio de los pueblos. Todo lo señalado indica que se continua y profundiza una matriz económica “extractivista, extranjerizante y concentradora” que lejos está de permitirnos alcanzar una soberanía energética, alimentaria, en fin, una soberanía sobre nuestros bienes naturales.

Sin embargo, una de las cuestiones que fueron reivindicadas con mayor fuerza en relación al acuerdo alcanzado con el Club de París fue la “soberanía” con que Argentina fijó las condiciones: sin la intervención del FMI y, “sin restringir la autonomía que debe tener como país soberano”. En general, el rol de esta institución, en el marco de eventuales convenios, es darle seguridad, a los países integrantes del Club, y oportunidades de negocios a sus empresas.

Tema a reflexionar, ya que la presencia del Fondo Monetario Internacional, en esta oportunidad, no fue tan necesaria, dado que las corporaciones transnacionales, con casas matrices en los países miembros de este Foro, tienen asegurado sus negocios y su acumulación, a partir del marco jurídico existente, desde los ´90, en Argentina. Estamos haciendo referencia a los 58 Tratados Bilaterales de Inversión (TBIs) vigentes y, sucesivamente, renegociados y que remiten al CIADI (Tribunal “ad hoc” del Banco Mundial) para solucionar posibles controversias entre inversionista y Estado receptor, en este caso Argentina, país que tiene la mayor cantidad de juicios frente a este tribunal.

También, se manifestaron complacidos por la firma del acuerdo con el Club de Paris el arco empresarial local, ya que según lo expresado abre un horizonte de previsibilidad para las inversiones, despeja el camino financiero y sobre todo permite reinsertarse en los mercados y normalizar las relaciones con los organismos internacionales. Otro sector altamente complacido fue la banca. Según lo expresado por altos funcionarios de la Asociación de Bancos Argentinos, permitirá acceder a financiamiento externo para encarar proyectos de infraestructura que necesita la Argentina.

Por qué, desde el campo popular, NO podemos ni reivindicar, ni celebrar el acuerdo con el Club de París.

Además, de los temas mencionados que dejan en claro la estrecha vinculación entre la Deuda Pública y el rol de los principales actores del sistema capitalista: las corporaciones transnacionales, no aceptamos que se haya acordado como cifra final: 9.700 millones de dólares.

En reiteradas oportunidades, ante la inminencia de acuerdos con el Club de París (2008, 2010, 2011), varios movimientos y organizaciones del campo popular, solicitamos explicaciones, haciendo uso del derecho a la información, que tiene toda la ciudadanía, sobre: ¿cuál era el orígen de las deudas que el gobierno argentino pretendía pagar a los países del Club de París, quiénes se beneficiaron con su contratación y cuánto se había pagado en concepto de servicios? Siempre consideramos que el pueblo argentino no tenía, ni tiene porque pagar una deuda que no contrajo, por la que no fue consultado, que no lo benefició y que tiene su origen en contratos realizados con anterioridad al 10 de diciembre de 1983, o sea, durante la dictadura cívico-militar. Manifestamos nuestro rechazo al argumento de que las “deudas fueron legitimadas por los gobiernos democráticos que acordaron su restructuración con el gobierno del país reclamante” ya que, la ilegitimidad de origen de esos créditos no puede ser subsanada por un acto administrativo posterior.

En esta oportunidad, como en las anteriores persiste una diferencia en los montos. De acuerdo a la última información oficial disponible – Ministerio de Economía (MECON), Informe trimestral de la Deuda Pública al 30.9.2013 – el Estado Central le debía al Club de París unos 6.100 millones de dólares: 5.100 por Capital y 1.000 por Intereses.

El Club le reclamaba a la Argentina, en cambio, 9.700 millones de dólares – con cifras cerradas al 30.4.2014 – donde el grueso de la diferencia (unos 3.600 millones de dólares) se entiende corresponde a intereses punitorios e intereses corridos hasta esa fecha.

El acuerdo se cierra con este último monto: 9.700 millones de dólares. Son fondos que servirían para modificar el modelo productivo y de desarrollo atendiendo las necesidades soberanas del pueblo argentino. Queda claro que el privilegio lo tienen los acreedores externos!

Finalmente, el cierre de la negociación con el Club de París impide realizar una Auditoría específica sobre este tramo del endeudamiento público argentino. Siendo que fue investigado, a partir de 1982, por el ciudadano Alejandro Olmos que inicia la apertura de una primera causa contra la deuda. La resolución judicial de aquella “Causa Olmos”, producida en julio de 2000, establece sin lugar a dudas la “fraudulencia” de las operaciones y la ilicitud de las mismas que abarca, entre otros elementos, el tramo que el gobierno argentino acaba de negociar con el Club de Paris.

Reiteramos que, de esta forma, se cierra la posibilidad de realizar una Auditoría integral, pública y participativa de este tramo y de toda la Deuda Pública argentina.

Y, se perdió otra ocasión para declarar “deuda odiosa”

Si una deuda era pasible de ser declarada odiosa, era la del Club de París y, sin embargo, se optó por cumplir con los compromisos contraídos ilegítimamente por la dictadura cívico-militar.

La opción de pagador serial de deuda y de búsqueda de reconocimiento mundial afirma a la Argentina como parte del capitalismo mundial en crisis.

El interrogante es si se puede transitar un camino alternativo, anticapitalista y antiimperialista. Ello supone fuerza política en la sociedad que desde nuevas mayorías, desde la acumulación de poder popular, pueda desafiar el orden capitalista local, regional y mundial.

Ésta es parte de la lucha diaria que llevamos adelante los movimientos y organizaciones sociales, sindicales, políticas, de mujeres, pueblos originarios, campesinos/as, ambientales y culturales disputando hegemonía en el seno del pueblo para ejercer soberanía popular e integral para la liberación.

Artículo original.

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